viernes, 15 de mayo de 2009

Un corazón a la mar.






Cuando un barco zarpa
Un corazón se queda
Su mente busca calma
Pero la lágrima no espera, y entra en guerra

La embarcación se lleva marcas
Rosas rojas, claveles blancos...
Manjares dibujados, intangibles, su primer pintura
La humedad y el calor del primer puerto

Nunca tan cómodo, tan libre
No habrá un puerto igual, una mano cuidadosa
Grabará mil palabras en sus tablones
Pero lejos, muy lejos del puerto

Y después... a la mar
Sin rumbo, sin velas y sin marineros
Lleno de estrellas y brújulas
Pero sin su puerto

A lo lejos, casi en otro paradero
Se entera y encalla…
Su muelle tiene otra carabera
Y ahora la abriga bajo su mantas... cuánto dolor, y yo que casi camino, y yo que casi revivo, malditos ojos, malditos oídos, maldito corazón...

jueves, 14 de mayo de 2009

La luna, y el blues.


El mundo era divino,
El muro era perfecto, indestructible.
Las nuves volaban bajo y la guerra no existía,
Ni existían el amor ni los sueños, solo el placer.

Y se crearon los sueños,
Y se formaron los ideales,
El amor se estructuró utópico y fantástico.
Entonces la guerra tenía sentido, y el placer era clandestino.

Entonces empezó el viaje,
Entonces la búsqueda incesante.
Y el muro con una primera y disimulada grieta.
La mochila se llenaba de piedras a cada paso del viaje.

Y esa silueta soñada fue imagen borrosa,
Y la paciencia fue el único motor de la espera.
Un puente roto, una idea turbia.
El fruto no era la sabiduría, era un placer clandestino

Pero el camino terminó,
Pero el oasis existió.
Una silla en el camino, una rosa, un bastón
Dos siluetas en una, dos almas en una, un placer clandestino.

Era otra vez la guerra,
Era otra vez el desierto.
El camino brevemente oculto se mostró
Las piedras ya eran laba, y una silueta, un corazón, una rosa y dos claveles marchitos, y mucho blues, mucho blues.