martes, 9 de junio de 2009

A la nada, o a mi mismo.


Te hablo a ti porque no puedo hablarle a ella, porque no puedo hablar conmigo, porque no logro encontrar la lógica que el soliloquio otorga al desesperado. No encuentro salidas y golpeo cada puerta que encuentro con la desesperación de un animal encerrado en una botella, con las palabras más tristes o las más hermosas, con las melodías más ásperas y otoñales o las más liquidas y verdes. Dentro de este antiquísimo mecanismo que ningún hombre a descubierto, las horas saltan y se tiran en el pasto mientras un faro apunta al horizonte tratando de volver realidad las imágenes que ahora recorre como si de un álbum se tratara. Me he preguntado mil veces si fue la última vez, porque ni siquiera se si fue la primera, y lo único que he podido descubrir, es que ya pasada la primavera las flores de verano tienen otro sabor, otro olor, y nunca se verán igual. Supongo que fue distinto, supongo que las palabras y el calor derramado sobre las sabanas no fueron envano, y supongo que he depositado un tesoro en aquel lugar, porque no sería entendible para un alma, que después de tal salto no quedaran almenas los huesos que del primer ser que aterrizó de pecho sobre esas arenas sin explorar. Te hablo a ti entonces, porque se que desde el silencio emites tu voz, y porque se que puedo hablar conmigo, y con el viento, y con el silencio. Simplemente ha sido un intento por descorchar esa botella que ejerce presión sobre un corazón frágil y sensible. Tal vez te hable a ti por evitar hablarle a ella, por evitar saltar por la ventana dejando caer la sangre de mis heridas sobre su posible paz. Y será así, si fue mía volverá en el siglo de mañana, o tal vez más adelante.


Si pudiera no hablarte, escribiría una canción, simplente necesitaba llorar a solas.

viernes, 5 de junio de 2009

Como si no existiera noche, solo camina y canta.

No existe ser más libre que el pájaro… él no ama, en cada espacio verde encuentra su alimento, no conoce límites en las alturas, es dueño del aire, hacia donde mira encuentra un nido por si llega una tormenta y no depende de otros pájaros para volar. Solté una ceniza al viento y descubrí que padezco de peso, que estoy atado al piso, que carezco de libertad física. Cambié mi enfoque 180º y descubrí también, que yo estaba volando… había encontrado un pensamiento. Descubrí entonces que podía ser libre, y que en cada humano se encuentra la capacidad de alcanzar alturas inigualables, allá en el fondo, en lo oscuro y en lo claro, en la tormenta y en las praderas calmas, en lo más profundo de un mundo invisible e intangible en donde sólo se puede caminar, volar, nadar, correr si se quiere, pero de a uno a la vez. Entonces descubrí algo más, algo inevitable y desgarradoramente agradable, y es que entre tanto vuelo se precisa bajar, abrazar al mentor de nuestro viaje, besarla, mirarla, robar una palabra y volver. Luego, y con el arsenal de pensamientos en camino, el solitario vuelo en el que solo viaja uno a la vez, encuentra compañía. Ahora el viaje es más agradable. No busco un fin, lo único que pretendo es caminar hasta que caiga la noche.