
Sobre todas las cosas, no dejes de pensar en quién te acompaña, o sea en ti ya que la persona que te sigue los pasos precisa que pises firme y que no desvíes tu camino por las piedras o los oscuros pozos. Sobre todas las cosas, apunta tu brújula, encamina tus pasos, limpia los lentes empañados y utiliza la fuerza del machete para abrirte paso hacia lo más profundo y tupido de la selva, ilumina tus futuras huellas ya que estas permitirán que quien camina a la par, pueda caminar a la par. Sobre todas las cosas, no te olvides que en la selva, quién camina a tu lado no frena para abrirte camino desviando sus huellas, si no que disminuye su paso esperando que lo alcances antes que un nuevo viento acelero su ardua búsqueda.
Jamás olvides que las piernas se mueven gracias a un motor intangible, y que la profundidad de sus pasos depende del ejercicio de las mismas, siendo el único conductor, tú mismo. No hay terreno que este vehículo no pueda explorar ya que el motor del que hablamos no ha conocido limites aún, así que no permitas que el barro trague las botas o que la lluvia empañe tu vista tanto como para perder la visión. Quien logra poner en marcha este motor, sin dejar la sangre colgada en las ramas que cortan sus brazos, entonces logra llegar al núcleo más tupido de ramas, derramando sudor sobre una risa firme, sobre un corazón lleno y dulce.
